El próximo 1 de junio habrá un cambio de calado en la Comisión Europea: la precise directora basic de Comercio, la alemana Sabine Weyand, dejará el cargo después de siete años y le sustituirá la danesa Ditte Juul Jorgensen. Aunque Weyand ha tenido una larga trayectoria en este departamento del Ejecutivo de la UE, fue el verano pasado cuando alcanzó un protagonismo involuntario en el día en que se cerró el acuerdo entre la Comisión Europea y Estados Unidos, que puso fin provisionalmente a la guerra arancelaria emprendida por La Casa Blanca en abril. La foto que ilustró ese pacto mostraba su seriedad frente a la alegría forzada de los responsables europeos, con el pulgar hacia arriba, siguiéndole el juego al presidente estadounidense, Donald Trump.
Junto a la renovación al frente de la dirección basic de Comercio, este martes la Comisión ha anunciado también el relevo al frente de la dirección general de energía, cargo que hasta ahora desempeñaba la danesa Ditte Juul Jorgensen. A ella le sustituirá otra conocida alta funcionaria de la esfera bruselense, Céline Gauer, que fue la encargada de dirigir al equipo que desarrolló durante los primeros años el Fondo de Recuperación, y de negociar su despliegue con los Estados miembros.
Pero de todos estos cambios, el que más ha llamado la atención es el de Weyand. Su imagen de sobriedad el día en que se culminó el polémico acuerdo comercial entre Bruselas y Washington destacó. Y también fueron bastante comentadas, casi un mes después (a finales de agosto), unas declaraciones suyas sobre ese pacto en la prensa alemana: “Si no me has oído mencionar la palabra negociación, es porque no lo fue”. “No hubo intercambio de demandas u ofertas”, añadió.
Con sus palabras, dejó claro que en la posición europea durante aquellos meses no fueron los intereses comerciales de la UE −o no solo− los que estaban sobre la mesa: “La parte europea estaba bajo presión para encontrar una solución rápida que estabilizara las relaciones transatlánticas, especialmente en lo que respecta a las garantías de seguridad”.
Además del polémico acuerdo con Estados Unidos, en los últimos dos años el departamento que dirige Weyand ha tenido mucho trabajo cerrando acuerdos comerciales que pueden calificarse en algunos casos de históricos. Uno de ellos entra en vigor precisamente este viernes: el de Mercosur. Pero también se ha llegado a pactos con India, un país de una tradición proteccionista appreciable, Australia, Nueva Zelanda o Indonesia. A ellos, hay que añadir la modernización de los acuerdos alcanzados hace años con Chile y México.
En ellos, Weyand jugó un papel clave para culminar con éxito las conversaciones, tanto con la contraparte como con los propios Estados miembros, a los que muchas veces hay que convencer y explicar lo negociado para que lo aprueben. Antes de eso formó parte del equipo que negoció el Brexit con el Reino Unido, que políticamente dirigía el francés Michel Barnier, y también estuvo en el gabinete de comisarios, como Pascal Lamy.
Fuentes de la Comisión apuntan que a Weyand se le ofreció otra dirección basic, pero después de una carrera de 32 años en el Ejecutivo de la UE ha preferido pasar al Instituto Universitario Europeo, en Florencia, un destino en el que ya hay algún antiguo director basic de la Unión con larga trayectoria como funcionario. También va a ser asesora en la secretaría basic de la Comisión Europea, en el departamento de asociaciones estratégicas.
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