La Navidad de este año se escribe con dos tintas muy distintas. Mientras en la Plaza del Pesebre de Belén las luces vuelven a encenderse tras años de silencio bélico, en las afueras del Hospital Basic de México, la festividad no es de gala ni de banquetes, sino de supervivencia, fe y una solidaridad que nace del propio dolor.
Para familias como la de Ernesto, la Navidad no se celebra alrededor de un pavo, sino repartiendo tortas y refrescos entre compañeros de la sala de neurología. En las calles aledañas al nosocomio, el espíritu navideño se manifiesta de una forma cruda: el suelo se convierte en sala de espera y los bancos en camas.
La nota de Jessica Moguel en #Hechos
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