“Regresan a la isla cerca de cinco horas después”, comenta Diana. “Algunos de los maridos ya están esperándolas en la orilla para ayudarles a cargar el equipo y la pesca”. Durante este tiempo, llegan a hacer hasta 80 buceos libres, es decir, sin tanque de oxígeno, a profundidades alrededor de los 10 metros y generalmente con duraciones de 30 segundos, aunque se han registrado inmersiones de hasta 20 metros de profundidad y hasta tres minutos de duración. Lo que más resalta es que durante estas cinco horas “pasan más de la mitad del tiempo bajo el agua” explica Melissa Ilardo, investigadora de la Universidad de Utah y coordinadora del estudio. “Al salir del mar suelen reunirse todas alrededor de una fogata”, continúa Melissa. “La fogata es llamada bulteok”, y es un espacio de camaradería y confianza, donde se discuten tanto cuestiones personales como sobre la pesca del día.
“Las buceadoras empiezan a sumergirse desde niñas, pero cuando les preguntamos que a qué edad empezaron, todas nos contestaban que a los 15 años”, me explica Diana, “y es que a los 15 es cuando pueden empezar a llamarse Haenyeo”. Es una tradición de familia, las pequeñas aprenden a bucear y nadar practicando junto con sus madres y abuelas, quienes les enseñan distintas técnicas de nado, pesca, recolección y respiración, incluido el sumbisori. En las reuniones del bulteok hay una jerarquía histórica y asientos designados, las más jóvenes, y que por lo tanto quedan a los extremos de la fogata, son llamadas hagun; les siguen las junggun, y las más experimentadas y con el asiento central son las sanggun. Dentro de las discusiones que se tienen cerca del fuego, está la de delimitar ciertas zonas para el buceo; por ejemplo, está el halmang badang o “mar de las abuelas”, que es una zona tranquila donde las mujeres mayores y las enfermas o lesionadas pueden bucear sin ponerse en tanto riesgo, así como el hakkyo badang o “mar de las escuelas”, donde todo lo que se pesque en esa zona se donará a las escuelas locales.
Las discusiones también incluyen qué se va a pescar en cada temporada. Desde erizos de mar, caracoles, moluscos, algas marinas, pero no todo al mismo tiempo. Bien saben las buceadoras que todo tiene su temporada y si quieren seguir manteniendo esta relación simbiótica con el mar —las Haenyeo también hacen buceos dedicados a recolectar basura del fondo marino—, deben de respetar los tiempos de las especies y del océano.
“Cuando nos invitaban al bulteok siempre nos daban regalos”, recuerda Diana, “un caracol, un pulpo, un guiso”. El regalo period al mismo tiempo un recuerdo del espíritu comunal de las Haenyeo. “En casi todos los grupos que visitamos, la pesca period de todas, se dividía equitativamente, se compartía”, agrega Diana; pero también period un recuerdo de las implicaciones del trabajo, las manos que obsequiaban el regalo “solían mostrar cicatrices, raspones, moretones”.
Mar adentro en la sangre
Lo que Melissa, Diana y el resto del equipo de trabajo buscaban en su visita a Jeju period comprender qué cambios fisiológicos han sucedido en las Haenyeo después de siglos de practicar contínuamente el buceo libre. Algunas de las adaptaciones, como el sumbisori o la capacidad de reducir el ritmo cardiaco para conservar oxígeno durante las inmersiones se obtienen con el entrenamiento. Pero ¿podría haber adaptaciones genéticas?
Al sumergirse, los mamíferos experimentamos una reacción llamada el reflejo mamífero de buceo. Este reflejo se dispara por la combinación de aguantar la respiración (apnea) y el sumergirse en el agua, e implica principalmente tres componentes: la vasoconstricción, que redistribuye la sangre a órganos vitales, la reducción del ritmo cardiaco y el aumento en el tamaño del bazo. En un estudio previo —también liderado por Melissa— encontraron que en la población Bajau en Indonesia, donde los hombres llevan practicando el buceo libre desde hace miles de años, sus bazos eran 50% más grandes que el de sus vecinos que no buceaban. La relación entre el bazo y el buceo es que el bazo contiene una reserva de células rojas cargadas de oxígeno. Cuando el reflejo mamífero de buceo se activa, el bazo se contrae, liberando estas células al torrente sanguíneo.
