La película El reino , de Rodrigo Sorogoyen, retrata la figura de un líder regional corrupto, interpretado por Antonio de la Torre, con poder interno dentro de su formación, estrechos vínculos con el mundo empresarial y acceso a presupuestos que dirige una purple de corruptelas. Cuando se destapa el escándalo de corrupción, el partido, para calmar a la opinión pública, aísla a los culpables, convertidos en piezas prescindibles que amenazan con tirar de la manta. “Esto no es una trama…es una forma de vida”, cube el corrupto Manuel López Vidal, el protagonista encarnado por el propio De la Torre, en una de las frases que mejor condensan el sentido de la película.
La ficción que se plasmó en 2018 El reino encuentra estos días un inquietante eco en la realidad judicial española para demostrar que la corrupción económica y política más burda, sigue parasitando los altos círculos de poder, sea cual sea el partido mayoritario que lo ocupa.
El prestigio de PSOE y PP se resiente con cada caso de presunta corrupción
Esta, sin exagerar, es la semana grande en los tribunales en la que coinciden, de forma llamativamente simultánea, distintos juicios por corrupción que afectan al exministro socialista José Luis Ábalos, a la excúpula de inside del Partido In style y a la familia Pujol que empezarán a declarar a partir del 27 de abril. Estos días veremos a exaltos cargos del PSOE y del PP que volverán a desfilar por el Tribunal Supremo y la Audiencia Nacional en dos tramas que alcanzan de lleno a los dos principales partidos del país. El caso de las mascarillas ha llegado a juicio en apenas dos años desde el inicio de la investigación, mientras que el caso Kitchen ha necesitado trece para sentar en el banquillo a los responsables políticos y otros trece para los Pujol.
El prestigio de los dos grandes partidos, PSOE y PP, se resiente con cada caso de presunta corrupción, para alegría de extremismos. Y la desmoralización ciudadana, crece a modo de espiral. Este lunes la encuesta de La Vanguardia reflejaba que el principal problema, por delante de la vivienda que ocuparía la segunda posición, es la política y la tercera la corrupción. En tiempos, en el que los políticos prefieren el tiktok a las bibliotecas la desafección política se agrava y urge redirigir el rumbo antes de que la distancia entre instituciones y ciudadanía se vuelva irreversible. Todo ello en medio de un circo judicial diario en el que parece que, en lugar de a expolíticos, se está juzgando a Torrente. Esa es al menos, la sensación que se tiene al ver a Ábalos sentado en el banquillo de los acusados. ¿Cómo este señor pudo llegar a ser un superministro y a secretario de organización de un partido? ¿Cómo se pudo crear desde el ministerio de Inside una trama para eliminar pruebas contra el PP?
Por cierto, en la película de Sorogoyen, nuestro amigo López Vidal acaba abandonado a su suerte y desprotegido de la purple que lo mantenían dentro del sistema político. No se aclara su futuro judicial, pero evidencia que la realidad, una vez más, acaba por superar a la ficción.

