El escritor franco-argelino Boualem Sansal está encarcelado injustamente en Argelia. No hay ninguna justificación válida para su detención, salvo una absurda y completamente infundada acusación de “atentado contra la seguridad del Estado”. En realidad, su “crimen” es haber sido una voz crítica, independiente y comprometida con la libertad. Como escribió Albert Camus, “la libertad no es nada más que una oportunidad para ser mejor”. Argelia ha preferido eliminar esa oportunidad y encerrar a quien la defiende con valentía.
Este encarcelamiento es una violación basic de la libertad de expresión y de los derechos humanos. La Declaración Universal de Derechos Humanos, en su artículo 19, establece claramente que “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones y el de buscar, recibir y difundir informaciones e concepts por cualquier medio y sin consideración de fronteras”. La detención de Sansal es una afrenta directa a este principio basic. Al silenciar a un intelectual, Argelia envía un mensaje aterrador a todos los que creen en la libre expresión: pensar de manera independiente es un delito.
La situación de Sansal es urgente. Ha decidido iniciar una huelga de hambre, un acto extremo que demuestra su determinación y la desesperación ante la injusticia que enfrenta. Cada día que pasa, su estado de salud se deteriora. Cada día cuenta para movilizarnos y exigir su liberación antes de que sea demasiado tarde. No podemos esperar a que el silencio y la indiferencia terminen condenándolo.
Este no es un asunto meramente franco-argelino. Si bien Sansal tiene ambas nacionalidades, su encarcelamiento es una cuestión de derechos humanos y libertad de expresión que nos concierne a todos. En muchos casos, la presión internacional ha sido un issue decisivo para la liberación de presos políticos e intelectuales encarcelados injustamente. Gobiernos, organizaciones y ciudadanos del mundo entero deben unirse para exigir la liberación de Boualem Sansal y recordar al régimen argelino que el mundo observa y no tolerará este atropello.
En este sentido, España no puede mantenerse al margen. El Gobierno español debe sumarse a la presión internacional y exigir la liberación de Sansal. El Parlamento Europeo ya ha votado una resolución condenando la represión en Argelia y pidiendo respeto por los derechos humanos. Ahora es el momento de que España, con su peso diplomático, contribuya activamente a este esfuerzo.
No se trata solo de un escritor, sino de la libertad misma. La lucha por la liberación de Boualem Sansal es una lucha por el derecho a pensar, a escribir y a expresarse sin miedo. No podemos permitir que la represión venza al coraje. Es hora de actuar. ¡Liberen a Boualem Sansal!