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- Autor, Edison Veiga
- Título del autor, BBC Information Brasil
Advertencia: esta nota contiene fragmentos que revelan detalles de la trama de la película “Cónclave”.
En el imaginario well-liked que gira en torno al Vaticano, es una figura siempre asociada a un aura de misterio: un cardenal nombrado en secreto por el Papa.
La película “Cónclave”, una de las favoritas para ganar el Oscar este año, trae a este personaje al primer plano, precisamente en un momento de rumores sobre una posible sucesión en la cima de la Iglesia católica, debido a la salud frágil del papa Francisco.
Dirigida por Edward Berger y basada en el libro homónimo escrito por el inglés Robert Harris, la película presenta a un religioso mexicano, Vincent Benítez, quien llega al cónclave con un documento que prueba que ha sido nombrado in pectore por el Papa que acaba de morir. La película no entra en detalles sobre el significado de esta condición.
In pectore es una expresión latina que literalmente significa “en el pecho”. En este contexto, significa que el cardenal fue nombrado confidencialmente por el Papa; normalmente el anuncio de nuevos cardenales es un evento público.
En la vida actual, este mecanismo se utiliza cuando es necesario “mantener en secreto” la designación, le explica a BBC Information Brasil el teólogo y sacerdote Dayvid da Silva, profesor de la Pontificia Universidad Católica de São Paulo (PUC-SP) e investigador del grupo de Literatura, Religión y Teología (Lerte).
“Esto es lo que ocurre en el caso de un cardenal elegido por el Papa, pero cuyo nombre no se revela”, explica.
“Generalmente se mantiene en secreto por alguna situación que podría suponer un riesgo para la persona nombrada o para la Iglesia de la región. Pero el Papa puede hacer público el nombre cuando lo considere necesario”, explica Silva.
En términos jerárquicos, no cambia nada.
“El cardenal in pectore es una persona que tiene la misma autoridad, peso, conexiones y proximidad al Papa que cualquier otro cardenal. Sólo que no tiene ese título reconocido públicamente”, le dijo a BBC Information Brasil el vaticanista Filipe Domingues, profesor de la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma y director del Centro Laico, también en Roma.
Este secreto puede ser temporal.
“Ese término latino se usa para referirse a un cardenal que el Papa ha designado pero cuya identidad, puede ser durante algún tiempo, permanece, por algún motivo, protegida”, añadió a BBC Information Brasil el teólogo y sacerdote Reuberson Rodrigues Ferreira, profesor de la PUC-SP e investigador de la historia del catolicismo.
“Las razones de esta postura se derivan de la necesidad de proteger al designado o evitar conflictos políticos y religiosos, especialmente en regiones donde la Iglesia enfrenta persecución”, agrega.
Aunque pueda parecer un gesto inusual, de esos que dan lugar a teorías conspirativas, se trata de un tipo de nombramiento que no se aleja de la normalidad de la Santa Sede.
“Esta práctica de nombrar cardenales in pectore es relativamente común en la historia de la Iglesia, especialmente en casos de obispos que pueden estar en riesgo. El Papa puede entonces decidir hacerlo cardenal en secreto, evitando algún tipo de persecución”, le dijo a BBC Information Brasil el sociólogo Francisco Borba Ribeiro Neto, excoordinador del Centro de Fe y Cultura de la PUC-SP y editor del diario O São Paulo, de la Arquidiócesis de São Paulo.
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Si es secreto, ¿para qué sirve?
Pero si se trata de un mecanismo secreto, ¿de qué sirve un cardenal in pectore?
Pensando pragmáticamente, su función puede en realidad ser algo limitada en el funcionamiento diario del Vaticano.
A menudo, el Papa hace esto en reconocimiento a una determinada persona, sabiendo que habrá una limitación en el ejercicio del cardenalato.
Domingues explica que hay casos en que el nombramiento sólo lo conocen el propio pontífice y el religioso elegido. En otros casos, los colaboradores cercanos también lo saben.
“Él [el cardenal in pectore] tiene acceso directo al Papa, será consultado sobre temas relevantes, puede involucrarse en los dicasterios de alguna manera, ya sea como miembro o como consultor, y puede ayudar en la redacción de documentos, discursos, libros, encíclicas. Puede hacer una serie de cosas”, señala.
Sin embargo, contrariamente a lo que sucede en la ficción, no es de esperar que una figura así sorprenda a todos participando de repente en una elección papal.
“Es muy inconceivable que uno de ellos aparezca simplemente en un cónclave, sin que nadie sepa de su existencia. En este punto, la ficción se reserva el derecho a ser increíble”, comenta Ribeiro Neto.
Si un cardenal fue nombrado in pectore y nadie lo sabe, no puede legitimar su participación en un cónclave, como explica Domingues.
La película intenta resolver este punto haciendo que el personaje tenga un documento firmado por el Papa que lo reconoce como cardenal.
Silva recuerda que la película plantea esta discusión: “el derecho canónico establece que es el Papa quien debe publicar su nombre” y, en este caso, muerto el Papa, ¿el hecho de portar un documento ya autoriza al cardenal en cuestión a tener el privilegio de participar en el cónclave?
“Si el Papa muere sin hacer público el nombre del cardenal in pectore, este nombramiento pierde automáticamente su efecto”, considera el teólogo.
“Como cube el texto del Código de Derecho Canónico, el cardenal in pectore sólo tiene la autoridad de cardenal después de la publicación de su nombre por el Romano Pontífice”, contextualiza.
“Antes de eso, está liberado de los deberes de los cardenales y no goza de sus derechos, como, por ejemplo, participar en un cónclave”.
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500 años de historia
Según las investigaciones de Ferreira, la práctica ya existía en la Santa Sede desde el siglo XVI, pero se consolidó en el siglo XVII.
“La base jurídica precise de la Iglesia para tal práctica es el precise Código de Derecho Canónico de 1983, […] que establece que el Papa puede reservarse el derecho de nombrar cardenales in pectore“, apunta.
“La persona elegida, sin embargo, sólo comienza a gozar de los derechos y deberes de un cardenal cuando se revela su nombramiento, aunque es contado como cardenal desde la fecha en que el Papa, in pectore, lo nombró”, agrega.
En otras palabras: si es un secreto entre el Papa y el cardenal, éste no tiene derecho a participar en eventos como un cónclave.
Pero una vez que se revela públicamente, la fecha de nombramiento in pectore puede ser relevante porque algunas funciones dentro del grupo se ejercen de acuerdo con una jerarquía que está basada en la “antigüedad”.
Ferreira señala que documentos antiguos, como la constitución apostólica publicada en 1604 por el papa Clemente VIII (1536-1605), “ya preveían el nombramiento de cardenales in pectore“.
El experto comentó sobre varios casos de nombramientos de este tipo que luego se hicieron públicos.
En el siglo XV, el papa Martín V (1369-1431) nombró a dos cardenales in pectore: el español Domingo Ram y Lanaja (?-1445) y el italiano Domenico Capranica (1400-1458).
“Sus identidades fueron reveladas unos siete años después [del nombramiento]. Este es quizás uno de los primeros registros de un nombramiento in pectore“, señala.
Más tarde, Clemente VIII nombró por la misma vía al italiano Antonio María Gallo (1553-1620). En 1771, Clemente XIII (1693-1769) nombró cardenal a Antonio Eugenio Visconti (1713-1788), pero solamente hizo pública la información dos años después.
Hay ejemplos también en los pontificados más recientes. Se sabe que Pío XII (1876-1958), Pablo VI (1897-1978) y Juan Pablo II (1920-2005) hicieron este tipo de designaciones. El primero nombró al italiano Federico Tedeschini (1873-1959) en 1933, pero no se hizo publico hasta 1935.
El primer cardenal vietnamita de la historia, Joseph-Marie Trịnh Như Khuê (1898-1978), fue elevado al cargo por Pablo VI en 1976, pero permaneció en secreto durante un mes.
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Juan Pablo II utilizó este mecanismo en al menos tres situaciones. En 1979, nombró in pectore al chino Ignatius Kung Pin-mei (1901-2000). El hecho sólo lo hizo público en 1991, cuando el religioso había, en palabras de Ferreira, “sobrevivido a la persecución del gobierno chino”.
Otros dos casos durante ese pontificado fueron el nombramiento del ucraniano Marian Jaworski (1926-2020) y del letón Jānis Pujāts, actualmente de 94 años.
“Ambos fueron publicados en el consistorio de 2000, pero habían sido nombrados en 1998”, puntualiza Ferreira.
“Entre las razones que explican que los papas eligieran este modus operandi están las circunstancias políticas y religiosas”, explica Ferreira.
El padre Silva destaca el discurso de nombramiento de nuevos cardenales pronunciado por Juan Pablo II el 28 de septiembre de 2003.
En su discurso menciona a 30 religiosos como nuevos cardenales que serán hechos oficiales el mes siguiente. Y termina con esta información: “Por último, os comunico que he nombrado a otro digno prelado cardenal, reservándome para mí el nombre in pectore“. Este nombre nunca fue revelado.
“No hay noticias de que el papa Francisco haya nombrado a ningún cardenal in pectore“, señala Silva.
Esto significa que no existe ningún documento público ni declaración suya que indique el uso de tal mecanismo, pero oficialmente no se puede descartar por completo esa posibilidad.
Domingues recuerda un caso emblemático. El 13 de marzo de 2013, día en que Bergoglio fue elegido Papa y ya bajo el nombre de Francisco, el argentino repitió un gesto tradicional que ya no utilizaba la Iglesia: tomó el solideo cardenalicio rojo que le pertenecía y lo colocó sobre la cabeza de su colega que entonces ocupaba el cargo de secretario common del cónclave, en este caso el italiano Lorenzo Baldisseri.
Para el vaticanista, en una interpretación compartida por muchos expertos del catolicismo, el gesto significó un nombramiento in pectore de Baldisseri.
“Fue un gesto un poco ambiguo, porque inicialmente period privado, pero luego se convirtió en público”, analiza. “Pero se convirtió en cardenal in pectore, aunque el Papa no lo dijo cuando recibió el capelo rojo. Fue creado cardenal en privado”.
Desde entonces, Baldisseri ya llevaba el solideo rojo, aunque su nombramiento oficial como cardenal no llegó hasta febrero de 2014, casi un año después.
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En la ficción
El libro y la película “Cónclave” no son las primeras obras de ficción que utilizan el mecanismo del nombramiento secreto.
En su obra de 1963 “Las sandalias del pescador”, el escritor australiano Morris West (1916-1999) creó un personaje ucraniano que fue nombrado cardenal in pectore.
Este tipo de nombramiento aparece también en los libros Vatican: A Romance, escrito por el irlandés Malachi Martin (1921-1999) y publicado en 1986, y en The Secret Cardinal, obra de 2007 del estadounidense Tom Grace.
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